Una
de las interpretaciones positivas de los duros efectos del confinamiento en todos los ámbitos (personal, social, educativo, sanitario o económico, entre otros) para lidiar con la amenaza del coronavirus es la constatación de la solidez de
la red de banda ancha en Cataluña y España.
Las generosas inversiones en redes de fibra óptica y móviles llevadas a cabo en los últimos lustros han dibujado un escenario musculoso de infraestructura telecomunicativa del que ahora se benefician todos los ciudadanos y todas las empresas. Contra la pandemia, las virtudes de la Sociedad de la Banda Ancha han aflorado en su máxima expresión.








